jueves, 16 de julio de 2015

Solo Podemos en Común




Decía el profesor Monedero que “o las primarias de Podemos suman y emocionan o no serán eficaces“. Hoy ya es evidente que no han logrado sumar ni emocionar como se esperaba, y esto nos deja un escenario espinoso en el que para alcanzar la anhelada unidad popular, todos van a tener que ceder más de lo que hasta ahora parecen estar dispuestos.

Que el discurso y la práctica de Podemos ha degenerado bastante es algo que ya ha sido analizado con gran acierto en las páginas de La Marea o eldiario.es. Y que dicho cambio en el discurso y la práctica apunta a que Podemos ha dejado de ser en gran medida una herramienta en manos de la gente, es un planteamiento que difícilmente puede discutírsele a Javier Gallego “crudo” (“Todo para el pueblo pero sin el pueblo“).

Ahora bien, ¿significa esto que debemos aceptar que aunque Podemos no esté representando la confluencia, no nos queda otra que apoyarlo porque constituye la única opción capaz de confrontar al PPSOE? Algo así planteaba, además de la dirección de Podemos, el profesor Liria (“¿Desbordando Podemos?”), utilizando el recurrente argumento de la falta de tiempo. Tres meses aproximadamente tenemos por delante. Dos tuvo Ahora Madrid desde que nació como tal hasta las elecciones del 24-M, y no fue tan mal.

Tiene razón el profesor Liria en muchos aspectos. Pero lo que se está planteando por activa y por pasiva, lejos de simplismos y reduccionismos, es que nadie discute lo imprescindible de Podemos y en concreto de Iglesias, Monedero, Errejón… No solo han hecho lo hasta hace poco imposible: cambiar el tablero político. Es que han cambiado el sentido común, devuelto la ilusión y politizado a grandísima parte de la población. Sus méritos son incontables, de un calado increíble, indiscutibles. Pero no por ello eternos o irreversibles.

El surgimiento de Ahora en Común solo refleja lo evidente: el descontento con la estrategia de Podemos (ejemplificado en un modelo de primarias poco inclusivo y plural, alejado del espíritu inicial de Podemos). Descontento que no puede sino crecer cuando el trato que Ahora en Común recibe por parte de Podemos es el mismo que Podemos recibió en su día por parte de Izquierda Unida: comportamientos de la vieja política, obsesión por un tacticismo que no escucha.

Nadie está cuestionando el papel que Podemos debe tener en ese proyecto de unidad popular. Y cuando digo esto no estoy diciendo que sea bueno. Cuando un liderazgo es incuestionable es porque en el otro lado están siendo dirigidas unas masas acríticas. Esto nos está llevando a incurrir, quizás sin saberlo, en una contradicción que puede conducirnos a un callejón sin salida: decimos que Podemos no puede ser la herramienta para la confluencia a causa del liderazgo que se está imponiendo, pero queremos una unidad popular que respete el liderazgo natural de Podemos. Algo no cuadra.

Y no cuadra porque no estamos haciendo caso a Pablo Soto cuando dice que la oposición entre democracia y eficacia no es en realidad tal. Para que unas primarias “sumen y emocionen” no tienen que ser eficaces: tienen que ser justas. Por eso, si Pablo Iglesias es la persona más indicada para liderar el cambio (y yo estoy convencido de que lo es), que vuelva a someterse al voto de la gente, pero sin unas reglas de juego amañadas. Creo que nadie duda de que Iglesias tiene prácticamente todas las papeletas para resultar igualmente candidato a la Presidencia del Gobierno. El propio Soto, contundente en el debate “¿Te imaginas todos juntos?“, dejaba caer un compromiso: el de colaborar en el diseño de unas primarias justas de cara a un posible Ahora en Común.

Así que no nos engañemos: no se equivocaba Monedero cuando afirmaba aquello de que Podemos tiene que recuperar su frescura original. Podemos debe escuchar esa parte de sí mismo que poco a poco ha ido desoyendo cada vez más, fruto de la absorsión por parte del sistema y de su transformación en partido. ¿Por qué se empeña Podemos en aferrarse incondicionalmente a lo acordado en Vistalegre? ¿Por qué se empeña en renunciar a su capacidad de renovación y anquilosarse prematuramente? ¿No es eso vieja política? El contexto ya no es el de octubre de 2014 (sí, los tiempos van a un ritmo muy acelerado), y las lecciones del 24-M son muy claras: Podemos solo no puede. Pero sin Podemos, tampoco podemos.

Con lo que, por su parte, Ahora en Común no debe ser una estrategia cerrada ni una plataforma electoral que, llegado el momento, compita con Podemos. Ahora en Común debe ser una suerte de lobby por la confluencia cuyo imperativo sea presionar hasta el final por una verdadera unión entre partidos, movimientos sociales y personalidades que abogan por el cambio, asumiendo que la posibilidad de que Podemos no se sume a la confluencia no puede existir. Y terminarán aceptando confluir, no solo porque saben que no hacerlo sería incoherente, sino porque saben además que sino no podrían ganar las elecciones.

Por concluir, anotar que en este caso un nuevo espacio no supone empezar de cero. Podemos, IU, Equo, todas las diferentes plataformas ciudadanas… tienen muchos recursos y experiencia que aportar. De la misma forma que tenemos mucho que aportar todos los que no nos sentimos cómodos con el Podemos de Vistalegre. A lo que habría que añadir que, si desde ya se pusiera toda la carne en el asador en la ilusionante andadura de la confluencia, como se hizo con Manuela Carmena en Madrid, el desborde está garantizado. Y eso, eso sería una éxito asegurado.

Quienes vivimos el 24-M y los meses previos en esos lugares en los que el cambio llegó a las instituciones, sabemos que con el entusiasmo que se crea cuando permitimos el desborde, cuando tenemos de nuestro lado la “prima” que nos da la confluencia, cualquier cosa es posible.

Porque si no es en Común, no Podemos: Solo ‘Podemos en Común’.




http://www.rebelion.org/noticia.php?id=201155

Anti-Imperialista ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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