jueves, 13 de agosto de 2015

Amo y criado, poder y obediencia, fachada y patio trasero, modelo e imitador



EEUU y México



1. Me provoca enorme carcajada leer a los esclavos políticos del régimen, el tal Joaquín Coldwell (de Energía) y el tal Antonio Meade (de Relaciones), rechazar que del gobierno de los EEUU haya surgido la propuesta de reforma energética, en concreto de la señora Clinton. Como respuesta señalan: ‘‘el presidente Enrique Peña Nieto buscó inspiración en nuestra propia historia, tras rechazar el canciller Meade que la propuesta haya sido obra del gobierno estadunidense porque como dijo Coldwell, la reforma energética se enriqueció con las experiencias de países como Colombia, Noruega, entre otros”. ¿Por qué niegan que fue una orden? ¿Qué pasaría si reconocieran que el incremento de la deuda y los intereses, al tener millones de migrantes, al cerrarse el mercado yanqui y nuestro crédito, México se hundiría mucho más?

2. ¿De qué historia habla Meade? ¿Se refiere a que Hillary Clinton, entonces de la política exterior de EEUU, le ordenó a Felipe Calderón, siendo éste presidente de México, que establezca contacto con el embajador Carlos Pascual para realizar la reforma energética? ¿Busca explicar Meade –que era influyente ministro en el gobierno de Calderón- que David Goldwyn (el coordinador de energía de la Clinton) fue el redactor de la reforma energética, cuando Peña Nieto aún no era candidato oficial? En México dicen que “tan culpable es el que mata la vaca como el que la jala la pata”. Panistas y priístas, así como sus apoyadores perredistas, son los culpables de todas la reformas privatizadoras que innegablemente han sido impuestas por el imperio yanqui por lo menos desde 1982, cuando se introdujo abiertamente el neoliberalismo y la total privatización.

3. Basta con tener en cuenta que tenemos tres mil kilómetros de frontera con EEUU, para comprender que tenemos una relación de esclavo-amo. Recibimos del país imperialista más grande y brutal del mundo, todos sus deshechos: desde mercancías fuera de época y recicladas, hasta restos de guerra y contaminación, pasando por una ideología de discriminación y racismo. Sólo habría que imaginar: si en toda América Latina hay protestas contra las invasiones de todo tipo de los yanquis, sólo habría que pensar en México donde nada se mueve si los yanquis no dan las órdenes. Así que nuestros bellacos gobernantes no pueden acudir a los pocos episodios en que nuestro pueblo se ha cubierto de gloria, porque como gobiernos sólo han justificado y dado continuidad a nuestra vergonzosa dependencia.

4. México es un país independiente de fachada; no lo fue durante tres siglos (1521-1821) cuando fue una colonia del imperio español; tampoco lo fue cuando los imperios inglés, francés y yanqui –valiéndose de sus invasiones y sus logias- se confrontaban para quedarse con la excolonia. ¿Qué fueron la llamada Doctrina Monroe (1823) y el Destino Manifiesto (1845) sino dos libelos que subrayaron el gran poder de los EEUU sobre América y el mundo? La brutal dominación española de tres siglos sobre la “Nueva España” fue casi nada comparada con la moderna esclavitud económica, política, social, ideológica, tecnológica, que ha sufrido México durante un siglo. Incluso el mismo dictador asesino Porfirio Díaz (1876-1911) declaró: prefiero dar entrada a otros capitalistas europeos para hacerle contrapeso al hambre devoradora de los EEUU.

5. La geografía y la historia entre EEUU y México no pueden negarse. Sólo unos cuantos mexicanos –los más dignos- han podido resistir y luchar contra ese monstruo que desde hace 150 años nos domina. Pero contrario a ello no han faltado los “malinchistas” o admiradores del modo de vida yanqui, que gritan que en vez de haberse entregado Tejas, Nuevo México, California y la Mesilla en el 1848, debió venderse toda la república mexicana para ser hoy estadounidenses. No está mal que en el mundo se borren todas las fronteras que fueron trazadas por la fuerza de los poderosos, pero ello sólo podría ser cuando se entierren los imperios, las armas, las guerras, la desigualdad; mientras esto no sea, nadie escapará de la explotación y la opresión. Los mexicanos, así como negros, los de Puerto Rico y otros países no dejarán de ser discriminados y perseguidos como delincuentes en EEUU.

6. ¡Qué bueno que en México contemos con el diario La Jornada y con el semanario Proceso que representan el uno por ciento independiente contra toda la prensa basura y de los medios de información al servicio empresarial y de gobierno que circulan en el país! No me hubiera enterado el lunes en primera plana que “Hilary Clinton armó la reforma energética para México”; pero tampoco el martes en el mismo lugar que Joaquín Coldwell dijera que “la reforma energética es 100% mexicana”; que Meade nos enterara que “los mexicanos (sin saberlo) fuimos actores centrales en la reforma” o que el flamante Beltrones desde el PRI a su servicio, la reprobara como “un tufillo populista que trata de destruir las reformas de Peña Nieto”. ¿Es que en alguna ocasión ha sido distinta la “cargada” y la “borregada” que cierra las distancias entre el PRI y el presidente?

7. Lo único nefasto y que nos debería dar vergüenza a los izquierdistas es no haber podido levantar una gran fuerza de los trabajadores contra estos gobiernos y empresarios que nos dominan desde hace un siglo por lo menos. Sabemos que no sólo es un asunto de voluntad, de buenos deseos; pero también que por lo menos desde 1982 –con el PRI, el PAN, El PRD- hemos tenido a los más entreguistas, ladrones y asesinos. ¡Qué carajo nos pasa que después de 50 años no hayamos podido crear una alternativa anticapitalista que convenza a los trabajadores a salir a las calles a luchar! ¿O no se puede por el enorme poder de los medios de información que idiotizan y de las fuerzas armadas que asesinan? Ya, “chale” (como dirían en mi tierra) ya está muy, pero muy cabrón seguir soportando pobreza, miseria y represión. ¿Hasta cuándo diremos basta? 












http://www.rebelion.org/noticia.php?id=202104

Anti-Imperialista ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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