martes, 11 de agosto de 2015

Entre tabúes y autoproclamación



Crisis discursiva del PT


Correio da Cidadania

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa


El más reciente programa televisivo del PT, emitido el día 6 de agosto, confirma que la “crisis económica” y la “crisis política”, deflagraron en el partido una acelerada y profunda “crisis discursiva”. Como era de esperar, la imagen de Lula fue largamente utilizada cómo última boya de salvación, Entre tanto, sin poder preservarse del clima de desencanto, Lula también aparece sin novedades. Grosso modo, la crisis económica “hace parte”, y el ajuste “yo también lo hice”, la crisis política es “intriga de la oposición”. Al contrario de reinventarse con transparencia y combate, el discurso petista se tornó una versión empeorada de sí misma, cada vez más defensivo e inofensivo. Mientras en la esfera económica echa mano de aquel festival de autoproclamaciones, en la esfera política, se acumulan los tabúes, que sólo oxigenan el conservadurismo.

La habilidosa construcción de la propaganda lulista en la primera década de gobierno PT/PMDB consiguió registrar una marca de éxito, discursivamente cimentada en la idea de que por primera vez en la historia del país algunos problemas estaban siendo resueltos. Hay que reconocer que, a pesar de autoproclamatorio, el lema “nunca antes en la historia del país” no era una pura fantasía de las elites petistas, transformadas por sus publicistas billonarios en increíbles piezas cinematográficas.

Pensar eso, sería simplemente subestimar a la población brasilera, que reforzó su preferencia en tres elecciones seguidas (2006, 2010, 2014). Tal lema, línea esencial del discurso petista, poseía algún viso de realidad, sintonizándose con una percepción difusa de mejora de las condiciones de vida de la población, especialmente los más pobres. El hecho es que las clases trabajadoras brasileras desde 1964 hasta 2004, fueron gobernadas por fuerzas políticas profundamente antipopulares.

Desde Jango (Joao Goulart) no se sentía los efectos del aumento real de poder de compra de los más pobres. Incluso si las políticas sociales del neoliberalismo petista fueron superficiales y no alteraron la estructura de la segregación social en Brasil, sus impactos fueron recibidos por la subjetividad popular como un gigantesco salto adelante, un cambio extremamente concreto, tejiendo un vigoroso lazo de confianza que ligó el discurso petista a las masas. Ahora, ante los ojos de estos millones de trabajadores, el lulismo está volviéndose humo.

Conforme la crisis económica llego, la distancia entre la dura realidad del capitalismo periférico brasilero y la fantasiosa percepción sobre el supuesto control que el lulismo tenía de su propia estrategia, sólo aumentó. Es posible decir que la propaganda lulista fue una enorme deshonestidad intelectual del PT. Como insistió André Singer, el lulismo fue una combinación de virtud y fortuna.

La ventana de oportunidades no fue abierta por el PT, sino que aprovechada por el partido. Por medio de ella, el neoliberalismo fue girando hacia el social-liberalismo, pero las condiciones históricas que lo permitieron nunca estaban y nunca lo estuvieron bajo control. La deshonestidad intelectual petista fue alzarse en el papel de mesías, protector de los pobres y de los oprimidos, produciendo la fantasía/farsa de que el capitalismo brasilero alcanzaba su autodeterminación por las manos mágicas de un metalúrgico (a veces me pregunto si la cúpula petista creía realmente en eso).

Mientras tanto, se profundizó el carácter primario-exportador de nuestra economía, cegada por la inflación de los commodities, se modernizó nuestra posición neocolonial en el sistema económico mundial y perpetuó religiosamente el pago abusivo de los intereses de la deuda pública. Esta es la verdadera espina dorsal de la corrupción que asalta nuestro Estado. Todo era festejado ufanamente, inclusive la caída de los intereses, lo que duró menos de un año y medio. El llamado ensayo desarrollista de Dilma, se evaporó a la menor señal de “huelga de los inversores”. Hasta hubo quien creyó que la burguesía industrial brasilera podría ser menos rentista…

Finalmente, en un arreglo institucional que solamente podría existir en el cuadro de un crecimiento económico excepcional, empujado de afuera para adentro por el efecto China, el PT se rindió a las exigencias del PMDB, que también se benefició del liderazgo extraordinariamente carismático (de Lula) para coordinar sus chantajes entre bastidores.

Ahora, el arreglo de gobernabilidad se hundió, junto con el crecimiento económico. Pese a ello, el PT no tomó cuenta que su discurso, tanto como su estrategia, se volvió obsoleto. Prosigue con sus lastimosas autoproclamaciones y recrudecen los tabúes. En el programa de TV, ninguna palabra sobre la reforma política o la Operación Lava Jato, o de cómo dar oxígeno a la crisis política. Ninguna palabra, como siempre, sobre los monopolios de las comunicaciones, vehículos panfletarios de la crisis política. Ninguna palabra sobre la reducción de la minoridad penal en la “patria educadora, resultado directo de la crisis política. Nada sobre el PL (Proyecto Legislativo) de las tercerizaciones, principal retroceso en el horizonte de la clase trabajadora brasilera. Ninguna palabra sobre los “más cambios” que marcaron las piezas del marketing electoral vivido en 2014.

Obviamente, ninguna palabra sobre las “inversiones” de dinero de los ciudadanos brasileros en los intereses de la deuda pública, que alcanzaron más de lo que suman todas las inversiones en programas sociales, educación y salud públicas, números estos que hacen parte del arsenal de autoproclamación.

El lastre real de la autoproclamación petista se corroe a una velocidad impensable. Al mismo tiempo, la multiplicación de tabúes crea las condiciones de un trágico suicidio político. Al obstruir el debate sobre los verdaderos problemas del país y los poderosos intereses que deberían ser enfrentados para resolverlos, el PT vierte agua en el molino del conservadurismo, que está destinado a derrotarlo. Cuanto más demuestra servilismo ante las exigencias de la gobernabilidad pemedebista, cuanto más alardea que el ajuste neoliberal es la única e inevitable salida, más insufla y fortalece a sus enemigos. La crisis discursiva del PT es un reflejo de que la fantasía lulista no se deshace sola para el petismo.

Tal crisis discursiva sólo podría ser superada con un verdadero cambio de estrategia. Pero la cúpula del partido está, de manera narcisista, obsesionada por el retrovisor. Todavía reivindica como obra suya lo que fue posible debido a un extraordinario golpe de suerte de la coyuntura. Cree con tanto énfasis en la estrategia lulista que no consigue admitir su agotamiento, destinándose a volverse una imitación mucho peor y fracasada de sí mismo.* Joana Salém Vasconcelos es historiadora.



http://www.rebelion.org/noticia.php?id=201988

Anti-Imperialista ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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