martes, 1 de septiembre de 2015

El centro de gravedad




La resolución del enfrentamiento entre el pueblo griego y su gobierno, con el conjunto de la llamada eurozona, ha dejado noqueados a la mayoría de los que se reclaman de izquierdas en Europa.

El duro golpe asestado por las “instituciones” (léase Troika) con sus paquetes de medidas económicas, somete a Grecia a una dependencia cuasi colonial. Conviene a este respecto saber lo que dice textualmente una parte del memorándum firmado por Tsipras y su gobierno: “consultar y acordar con las Instituciones todos los proyectos legislativos con suficiente antelación antes de someterlos a la consulta pública y al Parlamento [griego]”.

La consulta previa a Instituciones extranjeras, ante que a los propios órganos institucionales del pueblo heleno, es una cesión brutal de la soberanía nacional de un Estado. En la práctica el Estado alemán, se erige en un poder constitucional por encima de la voluntad de los pueblos de Europa. ¿Qué significa esto? La plasmación de la voluntad antidemocrática de los poderes políticos europeos con Merkel como su representante. Y se expresó de forma rotunda con un que “consultar con un referéndum” al pueblo griego no iba a “torcer” la voluntad de las Instituciones. Evidentemente, esto pone encima de la mesa el carácter democrático de la actual Unión Europea. La construcción europea se había levantado sobre la convicción de que las libertades políticas era el marco de entendimiento de los distintos pueblos de Europa. Y eso interesa a las clases populares. Como dice Sapir, la lucha del pueblo griego nos devuelve la deliberación, el valor de la soberanía popular y la democracia constitucional, y eso no se puede consentir por los poderes económicos.

Recordando lo que señala Poulantzas, la democracia representativa ayuda a reproducir el sistema capitalista pero, así mismo, expresa los derechos sociales conseguidos a través de las luchas populares y, además, posibilita la expresión de formas democráticas y de asociación de las clases subalternas.

Por lo tanto, lo que está en juego en Grecia, es la expresión de una forma de entender la Unión Europea, que no Europa. La UE es la forma neoliberal de construcción de una espacio económico al servicio de poderes económicos con el Estado Alemán como su principal valedor. El valor “simbólico” de todo lo ocurrido (y sigue ocurriendo) en Grecia, hay que entenderlo como un escaparate-advertencia de los poderes económicos a todos los europeos, sean del país que sean, en el sentido de esa expresión popular de “esto es lo que hay”, o no hay alternativa al modelo económico actual dentro de estas fronteras.

En consecuencia, podríamos considerar la existencia de dos aspectos cruciales a tener en cuenta por parte de las fuerzas políticas que pretenden un cambio radical en el actual sistema social imperante en España. Por un lado, si consideramos que la Unión Europea no es democrática (como se deduce de sus acciones, leyes y medidas económica), hay que inferir la necesidad de construir una alternativa democrática a la actual concepción de Europa. Y en segundo lugar, que esta alternativa democrática debe tener un carácter netamente popular, como no puede ser de otra manera.

Es decir, son las clases populares las que deben establecer esa alternativa democrática, elaborando un programa “resumen” de las distintas reivindicaciones sociales (en algunos casos incluso divergentes) que sumen al amplio movimiento democrático-popular. 

Acabamos de ver como el polo democrático de este binomio se expresa en las “maneras” en como se plantea la dominación de las clases poderosas, de la burguesía. El señuelo de que vivimos en una democracia se arrastra por el suelo de las leyes que día a día se elaboran para someter al pueblo. Hoy tenemos que afianzar el concepto de democracia como terreno común que no se deja absorber por ningún sector social concreto.

El polo popular se establece en la coincidencia programática de clases sociales y sectores de clase que se reconocen en sus luchas, en algunos casos, de supervivencia. Por ello, se equivocan aquellos que consideran la unidad popular como una herramienta electoral para desalojar de las instituciones al partido-expresión del Régimen. La unidad popular es eso y mucho más. 

No podemos establecer nuestra estrategia de derrota del enemigo en un medio táctico como es la contienda electoral. La unidad popular es un instrumento para la derrota del enemigo en todos los frentes, y el electoral es uno de ellos. La historia está repleta de ejemplos: desde China o Vietnam a los más recientes de Cuba, Venezuela o Bolivia; cada caso con sus propias especificidades. 

Si entendemos que debemos doblegar a las clases económicas opresoras, debemos de determinar quienes son, por mucho que se oculten y difuminen detrás de partidos políticos, “castas” y medios de comunicación.

En más gráfico y real, hablar del IBEX35 como centro neurálgico del poder económico de España, sometido al “distak” de Alemania. Solamente esto ya daría sentido al carácter nacional de la lucha popular. La pequeñas trifulcas que mantienen las burguesías catalana y vasca con la burguesía española pasan a un lejano plano cuando hay que ejecutar las políticas económicas de la UE dominada por el Estado Alemán. Es por ello que la unidad popular debe recoger en su seno a todos las clases y sectores de clase (urbano y rural) que se enfrenten, en defensa de sus intereses, con el capital monopolista español y foráneo. 

En esta “guerra en profundidad” debemos utilizar dos instrumentos que por separado y aislados nos desarmaría. Debemos golpear el centro de gravedad de “la cúspide del poder económico corporativo y mafioso de las finanzas” (Monereo), combinando la utilización de los medios de comunicación y la movilización. No podemos prescindir de los medios de comunicación, pero no podemos esperar que estos hagan el trabajo de la movilización popular en defensa de sus reivindicaciones. “Deben ir de la mano, pero no subordinando la movilización a las necesidades de la comunicación, sino poniendo la comunicación al servicio de la movilización” (David Hernández).

Para aquellos que se siente “vanguardistas” conviene señalar que la unidad popular si debe tener un centro de gravedad pero no concebido de forma tan estrecha como reducir la unidad popular a una unidad electoral. Al igual que el Universo no tiene un centro por que no tiene bordes, la unidad popular no tiene un centro “central”. El pueblo no habita en un sólo lugar, y su centro de gravedad tampoco debería hacerlo, no tiene bordes. La realidad es tan compleja que muchos están como noqueados y les cuesta dar una respuesta adecuada a los distintos matices tácticos y estratégicos que nos ofrece la oportunidad del “cambio concreto” (Anguita).

Para finalizar, esta cita de Lenin que ayuda a entender los cambio históricos “sorprendentes”: 

«[...] No hay milagros en la naturaleza o en la historia pero cada abrupto giro en la historia, […], presenta tal riqueza de contenidos, despliega tan inesperadas y específicas combinaciones de formas de lucha y alineamientos de fuerzas opuestas, que para la mente profana hay mucho que debe aparecer como milagroso [...]. Que la revolución haya triunfado tan rápidamente y -aparentemente, a la primera mirada superficial- tan radicalmente, es sólo debido al hecho de que, en una situación extremadamente única, corrientes absolutamente divergentes, intereses de clase absolutamente heterogéneos, tendencias políticas y sociales absolutamente contrarias se han fusionado de un modo sorprendentemente armonioso […].»

Lo que es igual a la aplicación del Principio de Incertidumbre a la política: mientras más sabes de la posición, menos sabes de su masa y velocidad (o viceversa). Claro que esto les queda grande a muchos que no entienden (o lo hacen de forma obscena) el materialismo.





http://www.rebelion.org/noticia.php?id=202719

Antimperialista ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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